top of page

PRÓXIMO DESTINO: LA MUERTE. LA TRAGEDIA CLÁSICA Y CONTEMPORÁNEA

  • elmausoleum
  • 20 nov 2022
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 7 dic 2022

Sucesos dolorosos, situaciones funestas, consecuencias irremediables, finales desgraciados, muerte. Un destino fatal persigue inevitablemente a los protagonistas de la tragedia. Este género literario y teatral que surgió en la Antigua Grecia es un castigo para todo aquel personaje que tenga la mala suerte de protagonizar estas obras dramáticas. El primer empujón para convertirse en un género aclamado y trabajado a lo largo de los siglos, se lo dieron dramaturgos griegos como Esquilo, Sófocles y Eurípides. Pero la tragedia no se ha quedado estática en la base que le otorgaron estos autores, si no que ha ido evolucionando hasta nuestros días siendo la razón de ser de obras de escritores, poetas y dramaturgos referentes de todas las épocas. Eso sí, la esencia de la tragedia ha perdurado como elemento inapelable de estas obras dramáticas. El desenlace funesto y el dolor y la angustia de los personajes son sin duda inamovibles, irremediablemente predestinados.



A pesar de que el factor característico de la tragedia griega sea el desenlace fatal, no es exclusivamente esta su razón de ser sino una consecuencia de la reflexión sobre la naturaleza humana que se medita en todas estas obras. La casualidad no existe, el camino de la vida está escrito para los humanos y cuando se rompe por la acción de estos, se desencadena la tragedia. El orden imperante debe ser respetado por los mortales, pero los más desafiantes se saltan las reglas e irremediablemente sucumben ante la furia del destino, que en la mayoría de las ocasiones ha sido estipulada por los dioses. La gran mayoría de obras trágicas acaban mal para sus protagonistas, pero hay excepciones. En ocasiones el destino es benevolente y el orden prestablecido puede volver a su ser sin necesidad de ocurra un final desgraciado, pero estos casos son muy pocos.


Paralelamente a la trama de cada representación, otro de los propósitos de la tragedia ligado al punto de reflexión humana, es un papel de construcción social, de unificación de la polis. A través de sus historias se buscaba transmitir al público valores cívicos y religiosos que edificaran a la sociedad. La tragedia representaba las preocupaciones más internas de la sociedad, y, a su vez, educaba al pueblo promoviendo el orden y el cumplimiento del deber.





Para los griegos en sus inicios la visión de la muerte estaba muy asociada a la idea de la vida, la muerte era la razón que fortalecía la intención de disfrutar la vida. Sin embargo, esta visión que pretende convivir con la muerte sin temerla no fue duradera y no logró aislar estos dos conceptos, si no que inevitablemente los unió convirtiéndolos en elementos antagónicos. Este contraste entre el placer de la vida y el terror a la muerte se expresa con la creación de la Tragedia. La Tragedia expresa la conciencia de la vida, la disección de sus partes a través de una reflexión que le da sentido. La muerte no es el elemento final que le quita el sentido a vivir, si no una de las piezas fundamentales dentro de esta reflexión. La muerte le da sentido a la vida. A pesar de ser, como decíamos, polos opuestos, están interrelacionadas entre sí, siendo una la razón de ser de la otra y construyendo entre ambas la conciencia lógica de la vida. La tragedia dentro de esta lucha latente entre los términos que la componen, es aquella fase de crisis existencial ligada a la muerte, es aquello que le aporta una significación a la vida.


Algunos ejemplos de tragedia clásica son Orestíada o Los siete contra Tebas, de Esquilo; Edipo Rey, de Sófocles; y, Antígona o Medea, de Eurípides.

Otros ejemplos de tragedia, en este caso, moderna son obras de William Shakespeare como La tempestad o el Hamlet; El castillo sin venganza, de Lope de Vega; Fedra, de Jean Racine; o Fausto, de Goethe.





Todas estas obras son míticas en el imaginario cultural, son muchas las adaptaciones que se han hecho de cada una de ellas, y seguro que no serán las últimas. La tragedia clásica sigue funcionando bien en el público actual, muchas de las películas y espectáculos teatrales contemporáneos tienen su misma estructura. Podemos hablar de dos estructuras de la tragedia la externa y la interna.


ESTRUCTURA EXTERNA


ESTRUCTURA INTERNA


Siguiendo esta estructura, aunque con alguna reforma ligada a la actualidad, la tragedia clásica se convierte en tragedia contemporánea. La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca; En la ardiente oscuridad, de Antonio Buero Vallejo; y La muerte de un viajante, de Arthur Miller.


Todas las tragedias teatrales tienen algo en común, la catarsis. Para los griegos la catarsis era la purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica. Es el efecto de la tragedia en la mente de los espectadores. Una purificación de los traumas reprimidos, que llegan a la consciencia y, por tanto, son liberados. Esa reflexión de la que antes hablábamos, del ser humano frente a su naturaleza. Siguiendo esta definición podemos encuadrar en el género de tragedia a muchas películas como producciones de Álex de la Iglesia, Veneciafrenia o El Bar, que juegan con situaciones surrealistas generadas por la acción humana; así como, clásicos de Hitchcock, como Vértigo; en general, todas aquellas obras que basen su trama en un problema de la naturaleza humana y que desemboquen en un final trágico.




Durante el mes de noviembre el Matadero de Madrid acogió la obra teatral True West, una tragedia contemporánea. Si quieres adentrarte en su trama y su catarsis te recomendamos que leas nuestra crónica True West: el abismo entre dos hermanos.




 
 
 

Comentarios


bottom of page