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El Crimen de la Calle Fuencarral

  • elmausoleum
  • 11 dic 2022
  • 5 Min. de lectura

El tratamiento de uno de crímenes más difundidos

en la prensa


El controvertido asesinato ocurrido el 1 de julio de 1888 en la madrileña calle de Fuencarral representó el “primer caso mediático en la prensa española relacionado con un asesinato” y supuso un punto de inflexión con el “arranque del sensacionalismo en España”, la conocida popularmente como prensa amarilla. El morbo que despertó la historia de la violenta muerte de Luciana Borcino quedó reflejado en los principales periódicos de la época “potenciando con sus crónicas el drama y suspense en torno al suceso con el objetivo de mejorar sus ventas”. El crimen alcanzó así “una gran expectación mediática y se convirtió en una especie de enfrentamiento entre las clases trabajadoras, que defendían a la criada Higinia, frente a la burguesía que apoyaba la inocencia del hijo de la asesinada” , un enfrentamiento del que también fueron parte las cabeceras de los principales periódicos.







El eco mediático alcanzado por este crimen hay que contextualizarlo, a su vez, en una época de transformación de la prensa española en la última etapa del siglo XIX con la aparición de las grandes empresas periodísticas y un interés creciente por la prensa informativa, además de la tradicional atención a la política nacional. Este caso tiene, además, la singularidad de ser la primera acción popular llevada a cabo por unos medios de prensa con el objetivo de esclarecer los hechos judicialmente.



Atendiendo a este contexto social y mediático, las narrativas periodísticas variaban en función de las posiciones de parte tomadas por las diferentes redacciones. Así, en La Correspondencia de España, (8 de julio de 1888) toda la información vertida es pura especulación, inculpando directamente a Higinia Belenguer como la asesina y ofreciendo una gran cantidad de detalles sobre cómo se perpetró el crimen. Este estilo incriminatorio basado en posibles teorías, contribuyó sin duda al posicionamiento de la opinión pública en contra de la criada Higinia.



Esta línea puramente especulativa la aprovecharon también otros diarios, como La dinastía (4 de julio de 1888) para construir un perfil criminal sobre la figura de Higinia, incidiendo más que en los hechos, en su poco agraciado aspecto físico, ligando así su apariencia con la de un criminal y aumentando irracionalmente su vinculación con el asesinato.

A medida que fue evolucionando la investigación se añadieron más sospechosos a la lista, aunque finalmente la condenada a muerte fue Higinia. Este seguimiento mediático hizo que incluso un periódico como La Vanguardia, en su sección de “nuestros corresponsales particulares” (18 de julio de 1888), realizará un análisis de la propia cobertura en prensa con un listado sobre quién y cómo se trató el crimen de la calle Fuencarral. Por ejemplo, se cita así al Liberal, refiriéndose a las diligencias sobre la coartada del hijo de la asesinada Luciana; el controvertido papel de varios periódicos por involucrarse en exceso en el caso, interfiriendo incluso en la designación o reemplazo del juez instructor de la causa o las explicaciones de La Correspondencia acerca de la dimensión política que adquirió el caso y las justificaciones en cuanto a la implicación de las principales figuras políticas del momento como Sagasta y Montero Ríos.




Cabe destacar el rigor en la cobertura que ofreció El País en su artículo “E


l Crimen de la Calle de Fuencarral” (8 de agosto de 1888), ofreciendo a los lectores un resumen de los hechos según las diligencias remitidas por el juzgado instructor de la causa. En el texto se especifican numerosos detalles sobre el crimen, como la posición en que se halló el cuerpo, la expresión de la víctima y su vestimenta, que contribuyeron de manera significativa a una precisa descripción de la escena a falta de imágenes. El perió

dico continúa la misma línea estilística en las siguientes ediciones, con descripciones escuetas y alejadas del


sensacionalismo, con el objetivo de vincular los nombres de todos los involucrados y publicar los hechos de una manera imparcial.


La Unión Católica representa, en cambio, un ejemplo estilístico totalmente contrario al de El País. En su artículo “El Crimen de hoy” (7 de julio de 1888) construye el relato del crimen a modo de novela, empleando dramáticos adjetivos para la descripción de escenas y utilizando los hechos como argumentos del propio crimen. Es curioso además cómo el texto utiliza la primera persona a modo de herramienta para justificar el estilo del relato, poniendo distancia entre el propio periódico y los hechos más escabrosos y desconocidos.










Como último ejemplo del tratamiento de prensa sobre el crimen de la calle Fuencarral, citaremos la portada de El Liberal, un año después de que sucedieran los hechos (5 de junio de 1889). El tiempo transcurrido contribuyó para que esta crónica incluyera, no solamente todos los detalles sobre el crimen, sino también, las reacciones de la prensa y de la opinión pública. El estilo empleado es claramente más informal si lo comparamos con los ejemplos anteriores, incluso cercano a lo que entendemos por un artículo de opinión, utilizando para ello interjecciones, exclamaciones y preguntas retóricas. En esencia, su contenido es crítico con el papel jugado por la prensa para moldear la opinión pública sobre el crimen y sus responsables. A pesar del intento de El Liberal por presentarse ante sus lectores con un propósito de enmienda ante los errores infligidos por la prensa en la cobertura del crimen de la calle de Fuencarral, no pudo evitar caer en cierto sensacionalismo sobre los hechos del crimen y sus posteriores consecuencias.



Desde el crimen de la calle de Fuencarral, la historia de la prensa amarilla en España ha gozado desgraciadamente de una nutrida fuente de sucesos que forman parte de la crónica negra nacional. Tanto fue así, que incluso durante la segunda mitad del siglo XX hubo un exitoso semanario especializado en noticias de sucesos, El Caso, conocido popularmente como el “periódico de las porteras”. En la reciente memoria colectiva caben destacar sucesos como los crímenes de Puerto Hurraco y el de las niñas de Alcasser, en década de los 90, o la desaparición de Marta del Castillo ya entrado el siglo XXI, todos ellos con una gran repercusión mediática y conmoción popular. A la cobertura en prensa sobre estos sucesos habría que añadir el sensacionalismo televisivo que inició, especialmente con el crimen de Alcasser, un nuevo estilo de pantalla a propósito del drama. En cualquier caso, la crónica amarilla se nutre también de los enredos en la escena social e incluso política, encontrando en sus cloacas una buena fuente de inspiración para nuevas narrativas que enganchen al público, condicionen su opinión y, en definitiva, se conviertan en fieles suscriptores de este tipo de relatos.



Pero, cabe resaltar que el amarillismo, no es, ni mucho menos un simple capítulo archivado en los libros de historia del periodismo español. Puesto que, en la época actual se está viviendo un nuevo pico en cuanto al interés del público en los crímenes y personajes más morbosos, los cuales parecen desafiar la barrera de la ficción. Producciones muy recientes como Dahmer, Extremadamente cruel, malvado y perverso o Monster demuestran que las ficciones basadas en hechos reales están en un claro auge, hecho el cual, también repercute directamente en el periodismo. Pero, esto no es todo, pues la plaga del amarillismo cuenta con circunstancias y medios óptimos para expandirse de manera exponencial, o mejor dicho, Internet. Ya que la red ha provocado que los medios tengan que “adaptarse” a la producción masiva de contenidos en línea, lo cual incentiva el incremento del amarillismo para conseguir el “click” fácil. Tanto es así, que medios muy populares en la actualidad como Buzzfeed, el Huffpost o Breitbart ya han adherido el amarillismo a su medio de comunicación como una práctica habitual. Claramente, el discurso sobre la adaptación del periodismo a la nueva web de la inmediatez gira, actualmente, en torno a las “fake news” y el “fact cheking”, lo cual hace que se ignore la normalización de prácticas tan dañinas agrupadas bajo el nombre de amarillismo.



¿Te gustan los crímenes? Pues tenemos un tiktok sobre El Crimen de la Calle de la Justa. Pincha debajo para saber más.





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